¿Estoy quemándome? Los síntomas del burnout se presentan de forma progresiva y se repiten en el tiempo:
Mi cuerpo y mi mente levantan la bandera blanca. Me cuesta concentrarme, todo me cansa, todo me abruma.
Frustración, taquicardias, irritabilidad… y a veces hasta comportamientos agresivos. El trabajo me pone como un polvorín, con los nervios de punta…
Trabajo en modo robot activado. Desconecto emocionalmente. Me aíslo como mecanismo de defensa. Siento temor, ansiedad e impotencia. Mi autoestima se resiente y encima me siento culpable por no poder con todo.
El trabajo deja de tener sentido. Siento desgana absoluta. Baja mi rendimiento, me apunto al absentismo, sufro cambios de peso y de hábitos de higiene personal. Como si mi "yo" estuviera en huelga… contra mí mismo.
El burnout no aparece solo por trabajar mucho. Es más complejo, y contiene varios ingredientes, tanto a nivel personal como de organización y de entorno laboral, que pueden cocer este agotamiento a fuego lento:
Ambientes caóticos, equipos con malas vibras, tareas infinitas, malas condiciones económicas, sobrecarga de trabajo o jefes más perdidos que yo el lunes por la mañana. Todo suma.
Expectativas vs. realidad. Si el trabajo no encaja con mis capacidades o me siento infravalorado, mi motivación se cae por los suelos.
Cuando todo gira en torno al trabajo, el resto de mi vida se resiente. Si no tengo tiempo para mí, para los míos o para hacer “nada”, el estrés encuentra vía libre. Y el peaje lo pago yo.
Si soy muy exigente, competitivo o perfeccionista, soy más vulnerable al burnout. También influye si estoy pasando por momentos personales difíciles. ¡Quiero ser libra!
El burnout no se soluciona con una playlist relajante. Pero hay formas de salir del túnel. ¿Cuáles? Utilizando diferentes estrategias que me ayuden a modificar los componentes del síndrome, pero, sobre todo, siendo práctico: mejor me centro en lo que esté en mis manos cambiar.
Por eso, estas son las claves de mi estrategia:
Debo dejar el estrés a tiempo, para frenar la caída. Si noto señales, ¡toca hacerles caso!
Como si fuera un explorador, debo conocer bien el terreno que piso. Entender qué está provocando el síndrome me ayudará a actuar con cabeza. Hacer una especie de “mapa del agobio” para saber por dónde empezar
No se trata de que cambie mi vida de un día para otro, pero sí de adaptar mis expectativas, buscar apoyos en el equipo y reconectar con lo positivo del trabajo…porque sí, algo habrá.
Mi próxima tarea: realizar un trabajo interior. Debo desarrollar la resiliencia y la asertividad, recuperar mi autoestima, poner límites, escuchar qué necesito y cuidar mis espacios personales. El equilibrio no es un lujo: es un salvavidas.
Siempre existen otras opciones y debo valorarlas. Si todo ha fallado, tal vez sea momento de plantearme un cambio. ¿Hay otro trabajo que encaje mejor conmigo? ¿Uno que me respete más o me exija menos? Se trata de hacer una evaluación honesta, sin drama, pero con decisión.
(1) La albahaca morada y la ashwagandha ayudan a tu cuerpo a mantener la resistencia al estrés.
(2) El azafrán ayuda a mantener un estado de ánimo positivo.
(3) Las vitaminas B1, B6 y B12 contribuyen a la función psicológica normal y al funcionamiento normal del sistema nervioso.
(4) La ashwagandha ayuda a mantener el equilibrio y la estabilidad emocional y ayuda al cuerpo a lidiar con el estrés.
La albahaca morada, el azafrán, la ashwagandha y el triptófano son ingredientes de origen natural.
Los complementos alimenticios no sustituyen una dieta variada y equilibrada y un modo de vida sano.
Referencias bibliográficas:
https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/33205664/
https://www.scielo.sa.cr/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1409-00152015000100014
Si se considera el uso de complementos alimenticios, es aconsejable consultar con un profesional sanitario, especialmente en caso de problemas de salud o uso concomitante de otros productos o fármacos.